En una entrevista de televisión, hace ya varios años, me preguntaba mi interlocutora que quién era yo como mujer. Mi respuesta giró básicamente en torno a mis roles: de hija, hermana, esposa, madre y profesional. Madre de 5 en aquella época, ahora abuela. Más ella volvió a inquirir: ¿Quién es Ana María, la mujer?
Regresaba este martes, nueva vez del aeropuerto, ruta que ha sido popular en estos días entre mi familia, cuando me llegó esa imagen de esta entrevista que, en aquella época, me develó cuán enfocada había transcurrido mi vida cubriendo roles y cumpliendo con responsabilidades, más mi esencia como ser humano, separado de todos esos roles, tal vez había estado descuidada.
Más tarde ese día conecté de nuevo con mi reunión quincenal con Ana, con la que no sólo tengo el nombre en común, sino alguien que funge como espejo en mi vida; pues en múltiples ocasiones le he formulado la misma pregunta: ¿Qué quieres tú, para ti? Siendo una manera de indagar en qué es lo próximo en mi vida, en la de ella, en la tuya.
Cuando hemos apagado el automático de la carrera de la vida para hacer un alto y reflexionar qué sigue, cabe preguntarse: ¿Estoy en mi día a día viviéndolo a plenitud o sobreviviendo?
Esa noche, participé en un módulo de Liderazgo de Alto Nivel y Karina Céspedes nos recordó: "Las metas no funcionan si no están alineadas a tu visión." Yo me quedé perpleja, porque aún a pesar de trabajar con las familias y sus visiones, para establecer sus reglas y sus objetivos en casa, ¡yo no me había aplicado esa regla para mí y mi vida personal!
Y así, al igual que la otra Ana que hace de espejo mío constantemente, me recuerda que enfocarme en trabajar en mí también es enriquecer mi día a día y que vivir a través de un propósito, de una visión poderosa de vida, ¡es el mayor regalo para una vida plena y de abundantes satisfacciones!
He sido hija, hermana, esposa, profesional, con muchos sueños cumplidos sí, más con muchos más sueños y otra etapa de mi vida que está lista para ser llenada de muchos colores, elegidos por mí, no dependiendo del azar o de la suerte que traiga cosas a mi vida.
¡No tiene que ser enero para encaminar de nuevo nuestras vidas! ¡Podemos simplemente hoy pensar en esa visión poderosa que hemos estado postergando por años y traerla a la realidad en este momento de tu vida!
La sensación del nido vacío, luego de tantos días de alboroto, genera un gran silencio que escucho dentro de mí misma, para dedicarme un momento a pensar qué es lo próximo para mí.
¿Y tú, qué quieres para ti?