Este mes de abril se ha usado durante mucho tiempo para poner sobre la mesa una realidad palpable y marcada dentro de nuestros hogares. Carecemos en la generalidad de las herramientas adecuadas para la crianza de nuestros hijos. La tendencia es a repetir el dolor y patrones inadecuados de comportamientos, pues esto es lo que conocemos.
En 1874 se tipificó por primera vez el delito del abuso sexual infantil en los EEUU. La niña era Mary Helen Wilson. Su defensora fue Etta Wheeler, que no pudiendo lograrlo en una primera ocasión por no haber leyes que lo regulasen, optó por el recurso de gestionarlo a través de las leyes de protección animal que sí existían. De esta manera se logra la protección a la niña en su condición de "animal pensante".
De tan grandes magnitudes son estos casos y sus repercusiones para la vida adulta, que el Papa Francisco convocó un encuentro en el Vaticano sobre la "Protección de los Menores en la Iglesia".
En la medida en que hemos experimentado el abuso, de la índole que sea en nuestra propia vida, tenderemos de manera inconsciente y autónoma a repetirlo. No lo repetimos porque nos sintamos a gusto o felices con ello. Se repite porque es un patrón de conducta aprendido.
¿Qué es el abuso a los niños?
Se considera abuso cualquier conducta de un adulto que interfiera con su sano desarrollo. Estas conductas pueden significar desde hacer algo que le provoque daño (golpes, insultos, exposición sexual) o no hacer algo que el niño necesita (no llevarle al médico, no dedicarle tiempo, no darle afecto). Estos casos se llaman negligencia.
¿Cómo se abusa?
- Abuso Físico: Cuando se le hace daño al niño por medio de golpes, quemaduras, empujones, jalones de pelo y otras formas.
- Abuso Sexual: Si un adulto utiliza a un niño para satisfacer su propio placer sexual, sin respetar la etapa del desarrollo del niño.
- Abuso Emocional: Palabras o gestos que transmiten agresividad o rechazo al niño, haciéndolo sentir humillado, asustado o poco querido.
¿Cómo se produce?
El castigo físico como método educativo, el nerviosismo y tensión del exceso de trabajo, exigir más de lo que el niño puede dar por su etapa de desarrollo, son factores que aumentan la vulnerabilidad. El abuso sexual es cometido en la generalidad (80-85%) por personas cercanas a la familia, no por extraños.
¿Cómo protegerse?
Los padres pueden proteger a sus hijos reconociendo sus cualidades, recordando que los niños sienten igual que los adultos, evitando el castigo físico, buscando espacios de desahogo y recurriendo a un profesional cuando sea necesario.
Su hijo debe saber:
- Su nombre completo y dirección.
- Cómo llamar al 911.
- Que nunca diga que está solo en casa.
- Que salga siempre con permiso.
- Que juegue en lugares acompañados.
- Qué es un extraño.
- Que no solo los extraños pueden abusar de ellos.
- Que no se suba a carros de extraños.
- Que busque personas de confianza si alguien le persigue.
- Que grite si alguien lo amenaza.
- Que no acepte regalos de extraños.
- Que en lugares públicos vaya a un empleado si necesita ayuda.
- Que no guarde secretos que le avergüencen.
- Que nadie tiene derecho a tocar sus partes privadas.
- Que tiene derecho a decir NO.
Los padres deberían:
- Conocer a los amigos de sus hijos.
- Involucrarse en sus actividades.
- Nunca dejar niños solos en el carro.
- Escuchar cuando no quieren estar con alguna persona.
- Supervisar bien a la niñera o cuidador.
- Estar atentos a cambios conductuales.
- Fomentar la comunicación abierta.
- No comprar ropa con el nombre del niño visible.
- Coordinarse con la escuela.
- Evitar causar daños físicos o psicológicos.
¡Es momento de buscar ayuda profesional si siente que pierde el control!