Cuando veo opiniones como las emitidas en la prensa recientemente, sobre los consejos para los padres cuando sus hijos pasan o reprueban el año escolar, reflexiono y me cuestiono: ¿cuándo será que romperemos el ciclo de dar el pescado en vez de enseñar a pescar?
María tiene un año de edad y está aprendiendo a caminar. A medida que hace equilibrio con sus brazos, logra mantenerse de pie por momentos, pero tropieza y se da con una silla. Su abuela, para consolarla, le da "pau pau" a la silla. Podría en cambio enseñarle, al cargarla y consolarla en sus brazos, que nos podemos caer y volver a empezar.
Desde pequeños, nos enseñan a poner el locus de control emocional fuera de nosotros. Nos van inculcando que algo ajeno a nosotros es responsable de nuestros comportamientos. ¿Qué puede pasar si, desde bebés, aprendemos algo tan simple como que suceden accidentes y que, si estamos cerca de una silla, podremos darnos al caminar? ¿Aprender a cuidar de nosotros mismos puede hacernos algún daño?
María puede ir dándose cuenta de que existen accidentes y errores de los cuales aprendemos. Ellos son, realmente, nuestros mejores maestros.
A medida que los niños se van haciendo mayores, pueden ir asumiendo responsabilidades dentro del hogar. De esta manera, van comprendiendo que es importante cooperar y que se espera que desarrollen habilidades de autonomía e independencia, lo que les permita convivir en la vida adulta.
La responsabilidad frente a los estudios es, generalmente, la única que tienen los niños y jóvenes durante su desarrollo, aunque existen excepciones a la regla. Los logros, los pequeños esfuerzos de cada día, son los que permiten la construcción de la valía propia. Premiarles por cumplir con su responsabilidad no les aporta nada en el aprender a pescar por ellos y para ellos mismos.
La construcción de la valía propia está sujeta al ambiente familiar y la retroalimentación que, como padres, podamos brindarles a nuestros hijos. El resultado de la crianza es el efecto del manejo que como padres tuvimos durante sus años de crecimiento. ¿Nuestro estilo fue el de ser padres responsables, o fuimos padres muletas?
¿Generamos en nuestros hijos la capacidad de pescar por sí mismos, o hemos ido haciendo de muletas durante el transcurso de sus vidas, siendo nosotros quienes les brindamos el pescado?
Estoy a favor de destacar los logros de nuestros hijos, sobre todo si enfocamos que se esfuercen en mejorarse a sí mismos. Los cuadros de honores y el premiar a los que "sacan buenas notas" son acciones excluyentes: es la valía de unos sobre otros, muchas veces por el resultado final y no por el proceso.
Aún más nocivo sería que las compensaciones sean materiales. La enseñanza para esos niños es que siempre debe haber una recompensa por cumplir con sus obligaciones. De adultos, se resistirán a cumplir con sus responsabilidades cuando no haya una compensación extra.
Esa lección podemos aplicarla en nuestra propia familia. Ser y estar para nuestros hijos de manera responsable sembrará en ellos el deseo de ir a pescar para ellos mismos. Hay una diferencia enorme entre esos padres muletas que viven a través de los logros de sus hijos —que los tienen como trofeos y les llevarán el pescado toda la vida— y los padres que acompañan sin sustituir.
¿Y tú, cuál es el tipo de padre que quieres ser? ¿El padre responsable? ¿O el padre muleta?