Alguien a quien admiro y respeto me dio un gran regalo el 16 de noviembre, me dijo que "a partir de hoy, las puertas del cielo se abrirían para mí". Una declaración para que todo lo bueno llegue a mi vida. Y así arrancó ese día.
Todas y cada una de las puertas por las que fui transitando se abrieron con un GRAN SÍ, hasta llegar de Santo Domingo a San Juan, PR, con un pasaporte recién visado. Además, fue una oportunidad de retomar la FE en Dios que hizo que lo imposible se manifestara.
Así me lo prometió antes de nacer, y hoy valido aún más que nunca me ha dejado, que muchas veces sus planes he obviado y que sus mensajes no he querido escuchar. Este fue contundente y sobre todo de confrontación para que elija cómo quiero continuar viviendo el tiempo que me queda de vida.
Quiero apostar a que esta etapa de recogimiento y soltar el control a Dios ha de ser mi propósito de este próximo 2024. Que yo pueda permitirme renacer todos los días en el corazón de Jesús y mis pasos estén ceñidos a su plan.
Que la suave brisa que se coló por las puertas de mi corazón, trayéndome este mensaje del cielo, me continúe contando de oportunidades de amar y conectar con los que amo.
Recordarme que la Navidad es hoy y cualquier otro día de los 364 que tenemos para usar, siempre que permita que el Señor nazca en mi corazón, dándome el permiso de iluminar las zonas más oscuras de mi alma y de mi pequeña humanidad, muchas veces ahogada en dolores pasados.
Mi compromiso conmigo en este 2024 es de trascender. Con este norte —cual brújula— que nos mantiene en el camino correcto, que todo lo que emprenda y ejecute sea de la mano de Dios. Desde este lugar, alimentar mi corazón y mi razón de SER.
¿Cuándo será Navidad para ti?