Este nombre lo tomo prestado, y sé que ella lo celebrará también. Daphne Espino y yo tuvimos muchas horas de aventuras, fuera del horario de trabajo del personal de Retoños, experimentando qué nos decían los espacios vacíos en cada uno de los salones de nuestra escuela, recibiendo la información que no se dice con palabras.
En ocasiones llegué a pensar que me había equivocado de carrera. De hecho, arquitectura fue una de mis grandes consideraciones al tomar esa decisión. Finalmente, la psicología tuvo más peso y por ese camino transito aún. Sin embargo, con el paso de los años, soy más observadora de lo que me dicen los espacios y la influencia que tienen en mí: si son estrechos, cómodos, ordenados, desordenados. He pasado desde el Feng Shui, a Julie Morgenstern, hasta acabar con Marie Kondo y el deseo de una vida feliz y minimalista. Me encanta, me apasiona, ver físicamente un proceso de transformación.
Vivir con el cambio de cuatro espacios en tres años ha sido un sube y baja. Ya entendí la semana pasada por qué me sentía como un rompecabezas al que le faltaban piezas. Insistí en la limpieza de un locker donde yo misma no sabía que encontraría ocho cajas mías. Luego de una decisión personal, cerré mi espacio laboral. Mi biblioteca y objetos preciados andan aún conmigo… aunque ya no por mucho más tiempo.
Experimentar, luego de muchos años, la ausencia de un apoyo en las labores de la casa me ha tornado la mirada a tantas cosas que tengo… que no uso todas… y me ha llevado a cuestionarme: ¿para qué? Paulatinamente voy sacando, voy limpiando y, por arte de magia, aparecen más cosas. Y aunque usted no lo crea, si bien en un momento me sentí turbada y agobiada por las pilas —ahora de fotos— he encontrado una confortante sensación de que las piezas que me faltaban del rompecabezas ya se han ido completando, para poder ver ante mí una imagen más completa de mí misma: la que cuenta mi historia.
Quién he sido a través de los años está contenido en mí y en los objetos de esa parte de mi vida. Me refrescan la memoria y lo revivo por un instante. Ha sido edificante y sanador, porque puedo verme en acción, despidiéndome de lo que ya no funciona dentro de mi vida.
¿Guardar por guardar? No, no lo quiero. Guardar más eficientemente, porque ocupe menos espacio, sí. Guardar porque cuenta la historia y nos conecta con lo superado, con lo que nos hizo soñar y crear una visión a futuro, sí.
Siento en este momento de mi vida que deseo caminar más ligera de equipaje. Lo que me representa físicamente no necesariamente apoya la visión ni el destino de lo próximo que quiero para mi vida. En mi linaje materno-femenino-familiar, nuestros apegos a las cosas que cuentan la historia han sido de gran valor para todas.
Quiero mantener y preservar, para esta nueva etapa de la vida, aquellas cosas que me llevan más ligera de equipaje, que me conecten con lo maravilloso de la vida —mis hijos, mis padres, amores que me marcaron, mis hermanos, mis amigas entrañables— y sacar todo lo que no funciona.
¿Y las cosas tienen que ver con maneras de ser? Sí. Como lo ves, te ves. Cada espacio físico de tu vida habla de maneras de ser. Si no, atrévete a darle una mirada al baúl de tu vehículo.
Quiero que al ver mis espacios y a mí misma en el espejo, pueda ver mi visión para lo próximo en la vida, reflejada en esa imagen que proyecto a los demás y en cada uno de los lugares por donde transita mi vida.
¿Y tú, cómo te ves?