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  • Ana Pellerano

¿POSESIÓN, IGUAL AL AMOR?

Actualizado: 13 de sep de 2018


“Hay criminales que proclaman tan campantes, “la maté, porque era mía”, así no más. Como si fuera cosa de sentido común y justo de toda justicia y derecho de propiedad privada, que hace al hombre dueño de la mujer. Pero ninguno, ninguno, ni el más macho de los supermachos tiene la valentía de confesar “la maté por miedo” porque, al fin y al cabo, el miedo de la mujer a la violencia del hombre, es el espejo del miedo del hombre a la mujer sin miedo”

Eduardo Galeano

1940- 2015

La cotidianidad nos trae, en el día a día, noticias que nos alegran e infunden ánimo, y otras, que nos hacen preguntar, que seres humanos, llenos de tanta rabia y dolor, le estamos dejando en herencia a la tierra, a la humanidad... ¿Cuál es el futuro, de las próximas generaciones?


Saber de una noticia más, en la que una chica, pierde la vida, por un asalto emocional desbordado de ese “otro”, que se supone que la quiere tanto, me conecta a reflexionar, a ponerme en el lugar del otro, con ese dolor desgarrante que puede sentir una madre, una hermana, un padre, unos amigos, al conocer el final de una vida, que está comenzando a florecer.


Como sociedad, nos damos permisos de estar felices y de tomarnos las cosas con calma. El manejo inadecuado de las emociones “no tan agradables” o tan “simpáticas” de nosotros los humanos, hace que la convivencia entre nosotros, sea mucho más difícil.

Nos han sembrado de generación en generación, estereotipos y patrones inadecuados para gestionar, el cómo, nos sentimos y son mayormente los hombres, quienes llevan una camisa de fuerza puesta, pues no pueden llorar, tienen que ser unos machos, machos. De las mujeres, que les cuento, casi la Virgen María bajada del cielo para que sea la madre, de los hijos de x ó y.


Es cierto, que las mujeres llevamos ese bebé en gestación, por 9 meses y que luego le alimentamos y exige de nosotras, estar muy disponible emocionalmente, para nutrir de manera sana y adecuada a ese pequeño ser humano, y que por lo pronto el padre, le ayuda a romper ese binomio, para incorporarle a la sociedad.


Es algo que hemos repetido por años, durante muchos siglos de nuestra historia. Sin embargo, en pleno siglo XXI, con tantos avances, educamos a nuestros hijos, no para SER, sino para TENER. Nuestro Curriculum por Competencias, aún adolece, de como vamos a formar seres humanos que sean capaz de conocerse y respetarse a sí mismo, para poder hacer lo mismo con el otro, con quién convive, con sus compañeros, con la persona que ha decidido, ser pareja.


Padres, para qué tanto correr y matarse trabajando para comprar y gastar, si en el fondo, nuestros hijos están vacíos, sin sentido de pertenencia, de identidad, buscando la satisfacción fuera, pues porque no logran encontrarlas dentro de ellos mismos.


Es trascendental, pensar cuales son las consecuencias de lo que sembramos cada día, para que podamos cambiar a patrones de relaciones más saludables y funcionales, que aportaran a la sociedad, individuos, más conectados emocionalmente, más empáticos, más responsables y más felices.

¿Y TÚ, AMAS Ó POSEES?


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