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  • Ana Pellerano

Padres Responsables ó Padres Muletas



“Cuándo veo opiniones como las emitidas en la prensa recientemente, sobre

los consejos para los padres cuando sus hijos pasan o reprueban el año

escolar, reflexiono y me cuestiono, cuándo será que romperemos el ciclo de

dar el pescado, en vez, de enseñar a pescar”


María de un año de edad, está aprendiendo a caminar. A medida que hace

equilibrio con sus brazos, logra mantenerse por momentos de pie, más tropieza

y se da con una silla. Su abuela para consolarla, le da “pau pau” a la silla. La

abuela de María, podría enseñarle a tan temprana edad, que, al cargarla y

consolarla en sus brazos, que nos podemos caer y volver a empezar.


Desde pequeños, nos enseñan poner el locus de control emocional fuera de

nosotros. Nos van inculcando, que algo ajeno a nosotros es responsable de

nuestros comportamientos. ¿Qué más puede pasar, el que como bebés

aprendamos a algo tan simple de que suceden accidentes y que, si estamos

cerca de una silla, podremos darnos al caminar? ¿Aprender a cuidar de

nosotros mismos, nos puede hacer algún daño?


María puede ir dándose cuenta, de que existen accidentes y errores, de los

cuales aprendemos. Ellos son realmente, nuestros mejores maestros.

A medida que se van haciendo mayores, pueden ir asumiendo

responsabilidades dentro del hogar. De esta manera, van comprendiendo que

es importante cooperar y que se espera, desarrollen habilidades de autonomía

e independencia, lo que permita convivir en la vida adulta.


La responsabilidad para con los estudios, es la que generalmente la única

tienen los niños y jóvenes, durante su desarrollo, aunque existen exenciones a

la regla. Los logros, los pequeños esfuerzos de cada día, es lo que permite la

construcción de la valía propia. Premiarles por cumplir con su responsabilidad,

no les aporta a aprender a pescar por ellos y para ellos mismos.


Con la mayoría de edad no se ha “madurado”, simplemente por cumplir la

edad. La construcción de la valía propia, es trabajo del día a día y está sujeta

al ambiente familiar y la retroalimentación que, como padres, podamos

brindarles a nuestros hijos.


El resultado de la crianza de nuestros hijos, es el efecto de el manejo que

como padres tuvimos durante sus años de crecimiento. Nuestro estilo fue, el

de ser “padres responsables o fuimos padres muletas”.


¿Generamos en nuestros hijos la capacidad de pescar por sí mismos, o, hemos

ido durante el transcurso de sus vidas, haciendo de muletas, para que seamos

nosotros que le brindemos el pescado?

Estoy a favor de destacar los logros de nuestros hijos, sobre todo, si

enfocamos que se esfuercen en mejorarse a sí mismos. Los cuadros de

honores y el premiar a los que “sacan buenas notas”, son acciones

excluyentes. Es la valía de unos sobre otros, muchas veces por el resultado

final y no por el proceso.


Aún más nocivo, sería, el que las compensaciones sean materiales. La

enseñanza para estos niños, es de siempre debe de haber una recompensa

por cumplir con sus obligaciones. Cómo adultos, se resistirán a cumplir con sus

obligaciones, cuando no haya cooperación extra.


Miriam Matos me comentó hace muchos años, en un momento especial de su

vida familiar, al preguntarle por su reacción que me sorprendió y me dijo: ¡Ana

María! ¡Los hijos no son trofeos! ¡Nuestra responsabilidad es estar ahí para

cuando ellos se caigan! Esa lección, podemos aplicarla en nuestra propia

familia.


Ser y estar para nuestros hijos, de manera responsable, sembrará en ellos el

deseo de ir a pescar para ellos mismos. Hay una diferencia tan grande, en

aquellas padres muletas, que viven a través de sus hijos sus logros y de esta

manera, tienen a sus hijos de trofeos y los tendrán durante la vida, llevándoles

el pescado.


¿Y tú, cuál es el tipo de padre que quieres ser? ¿El padre responsable? ¿O el padre muleta?

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