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  • Ana Pellerano

NI A TU MANERA, NI A LA MÍA




Para que una relación de pareja tenga éxito, cada una de las partes tendrá que

abandonar a su familia. No sólo en un sentido externo. Cada uno deberá

abandonar los principios que son válidos en su familia para elaborar con su

pareja, nuevos principios que, por así decirlo, se ajusten a ambas familias. La

pareja puede vivir una relación íntima en este nuevo plano.

-Bert Hellinguer


En nuestra clase más reciente de padres, me pidieron dar un curso para

ponerse de acuerdo con la pareja sobre la crianza de los hijos. Me reí mucho,

porque también quieren otro para las abuelas (consentidoras) y otro para las

nanas (que experimentan el haber dejado a sus hijos, para irse a trabajar)

Fue una conversación muy interesante, porque es querer que alguien funja de

mediador, cuando este podría ser un tema trascendental para experimentarlo

dentro de la vida en pareja y que, transitar por las dificultades y diferencias, es

una oportunidad de crecer y fortalecer el vínculo que como adultos han

establecido para alcanzar objetivos en común.


Culturalmente, nosotros no somos un pueblo que gusta de “planificarse”. Sin

embargo, al momento de organizar la boda, dónde viviremos, cuál será el lugar

de la luna de miel…etc. etc., exige de nosotros, destrezas mínimas de

planificación, con el fin de acordar y desarrollar puestas en común.

Generalmente, vemos los hijos, cómo algo que sucederá a largo plazo y con

que sepamos la cantidad, parecería que ya es información suficiente para estar

de acuerdo.


El “dejarás a tu padre y tu madre” como mandato bíblico, es un principio que

funciona para “definir” quiénes somos cómo pareja, con cuales valores nos

identificamos y cual tipo de familia que deseamos construir. No es colocar los

valores y crianza de uno de los miembros de la pareja, por arriba del otro.

Literalmente, se construye una nueva visión conformada por dos seres

humanos que tendrán en un momento determinado, el rol de padres, de así

elegirlo.


Cuando los hijos comienzan a llegar, sobre todo con el primero, la

incertidumbre y los temas con nuestros padres, aún sin resolver, pueden salir a

flote rápidamente. A medida que nuestros hijos se van desarrollando, han de

comenzar las oportunidades de generar la estructura bajo la cual, regiremos su

crianza. Algo tan simple, como el lactar, que sería el proceso “natural”, puede

llegar a ser tema de controversias pues hay padres que se sienten excluidos

del proceso o, con retos para manejar las situaciones y obstáculos que ésta,

puede presentar.


La paternidad es un trabajo en equipo. Fomenta el desarrollo de la

comunicación y de la cooperación como modelo, para nuestros hijos. Es una

arista de la vida de pareja, en la cual, generalmente se hace más difícil la labor,

porque cada uno de los progenitores quiere que sea “a su manera”.

Ponernos de acuerdo, no es la supremacía de la crianza de uno de los padres,

por arriba del otro. Es la construcción de un nuevo modelo, establecido de

común acuerdo por ambos padres y que determina el marco de referencia para

la convivencia entre los miembros de esa familia.


Los beneficios de estar de acuerdo y tener definidos los valores que identifican

y forman parte de la dinámica de esa familia, harán del hogar un lugar más

cálido. Los hijos sentirán que hay una misma respuesta dentro de las figuras

de autoridad, y será más fácil el establecimiento de los límites y de asignar

responsabilidades. Emocionalmente, podrás desarrollar a tus hijos de una

manera más coherente, íntegra y más abierta al crecimiento de todos los

miembros de ese equipo, llamado familia.


¡Apuesta a ponerte de acuerdo!

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