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  • Ana Pellerano

La prueba APGAR


Reflejo de marcha

“Diseñada por Virginia Apgar, de la Universidad de Columbia en 1952, contempla la evaluación primaria de las condiciones neurológicas de los recién nacidos al minuto de nacer y luego, a los 5 minutos”


Leyendo los titulares de los medios de circulación escrita, vemos como sorprendentemente las cifras de mortalidad materno-infantil, no disminuyen con el paso del tiempo. Todo lo contrario, parecería que cada día más, las conquistas sobre los temas de salud, no logran ser alcanzados.


En la declaración del año 2015 como “Año de la Atención Integral a la Primera Infancia”, se establecieron 7 criterios. Uno de ellos, fue el de lavarse las manos, tema básico para el manejo personal y profesional de los involucrados. Este tema tan básico, continúa siendo titular en la prensa, como causante de las situaciones de salubridad alrededor de las madres parturientas y sus bebés recién nacidos.


Parecería que, en el Siglo XXI ya “deberíamos” tener parámetros más altos con respecto a algo tan simple, de la higiene personal, ya que significa un riesgo mismo, para el personal que no utiliza este protocolo simple, en el día a día de los centros de salud.


Con la experiencia como profesional del área de salud mental, educadora prenatal, de preparación al parto y promotora de programas de estimulación temprana, he apostado en varios escenarios a que se establezca como prioritaria y requerida dentro del protocolo de evaluación primaria del recién

nacido, esta prueba de APGAR.


La enfermera Virginia Apgar, inició este reconocimiento en el año de 1952.

A=apariencia

P -pulso

G-gesticulaciones (reflejo de marcha)

A-actividad

R-respiración.


Esta prueba contiene puntajes de 0 a 2, en cada renglón, para un máximo de 10. Este puntaje superior, sería el de un nacimiento perfecto que no necesariamente es lo esperado. Dentro del rango de 8 a 9, es superior, entre 6 y 7, de investigar las áreas donde puntuó bajo, para darle seguimiento. Más bajo de ahí, son bebés que deben de tener un seguimiento de cerca, para que se intervenga exponiéndolo a un ambiente que favorezca su desarrollo de manera controlada y a cargo de un profesional en la materia que acompañe de manera continua, que la plasticidad del cerebro sea aprovechada al máximo, ya que bien manejada, las situaciones posibles, pueden ser eliminadas o compensadas por el maravilloso mecanismo del cerebro de compensarse y desarrollar caminos alternos para cualquier disfunción que se haya manifestado, tomando cartas sobre el asunto a temprana edad.


Se han realizado varios estudios, incluyendo económicos, que apuestan a que las inversiones en la edad temprana, alcanzan una gran retribución al largo plazo, pues neutralizan las dificultades que pueden complicarse con el paso de los años.


Retomar las acciones que disminuyen la mortalidad materno-infantil, a favor de la primera infancia, potenciará su desarrollo posterior como ser humano. Apostemos a que dejar establecida dentro del protocolo de evaluación del recién nacido, no solo acciones tan básicas, como la de lavarse las manos. En la aplicación de la prueba de APGAR, estamos ahorrando no solo dinero, sino además eliminando piedras en el camino del desarrollo de los hombres del mañana.


¡Apostemos a manejos adecuados alrededor de la Primera Infancia!

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