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  • Ana Pellerano

EL COMANDANTE EN JEFE

“Todos nacemos, con la necesidad de pertenecer a una familia, a una

sociedad. Si no lo obtenemos de forma positiva, perseguiremos ese objetivo

de manera inadecuada”


Richard Dreikurs.


El reto en nuestras relaciones interpersonales, es que estén cimentadas en el

respeto mutuo. Cuesta aprenderlo, porque no crecimos dentro de ese modelo.

Como muchos de nosotros, ya medianeros, crecimos dentro de un régimen

autocrático. A partir, de este principio del respeto mutuo, podremos desarrollar

relaciones horizontales, en las cuales, nos colocamos todos en un mismo plano

con los demás. Con nuestra pareja, nuestros amigos, hermanos, compañeros

de trabajo o los “colaboradores” que laboran en nuestra empresa. Aun con

ellos, podemos apostar a relaciones de respeto y de empoderamiento.

Las sociedades que aún experimentan ejes verticales, exhiben en sus

relaciones uso frecuente del control, poder, violencia y coerción. Cuando

dentro de los objetivos de comportamientos, busco mayormente el ejercicio del

poder de manera disfuncional, estoy ocultando lo que mayormente existe en el

trasfondo: inseguridad. Esto tiene su raíz en patrones de comportamientos de

codependencia.

La codependencia, es un patrón de relacionarse dentro del cuál o no hay

límites o están difusos. Está muy marcado en nuestras familias de origen

latino, con estilos de crianza disfuncionales, con presencia de abuso físico,

psicológico, sexual o de sustancias.

A los Comandantes en Jefes, nos vendría bien una muy buena dosis de amor

propio. En grande medida y a manos llenas, de manera tal, que seamos

capaces de mirarnos a nosotros mismos. Identificar nuestras oportunidades de

crecimiento y nuestras fortalezas y así, respirar más profunda y libremente.

Enfocarnos en nosotros mismos, es la gran oportunidad de vivir y dejar, que los

demás asuman y vivan, su propia vida.

También podría sumar, ser partícipe de programa de liderazgo que

enriquezcan las dotes y el rol, apoyándose de manera más positiva a que se

ejerza un rol de autoridad, más balanceado..

La razón no grita. Por más que subamos la voz y reaccionamos en modo de

ataque, los logros a largo plazo son el desgate emocional e, irónicamente la

pérdida de más autoridad. Yo recuerdo aún, el esfuerzo que me tocó al


traspasar mi rol de comandante en jefe, en una mesa redonda en mi espacio

de trabajo.

Las mesas redondas, hacen que se eliminen las jerarquías y sucede que

quedamos como iguales, dentro de una misma posición. No hay una posición

de mando. Con el paso de los años, vas internalizando los beneficios, porque

las personas de tu vida o tu empresa, permanecen porque se sienten valoradas

y respetadas, en todos los órdenes.


¿Y TÚ, PARA CUANDO SOLTARÁS EL CONTROL?

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