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  • Ana Pellerano

A Propósito del Parto Humanizado


El día que recibimos a Gael David

¨La tasa de cesáreas en República Dominicana, es del 56%, cuando el porcentaje recomendado por la Organización Mundial de la Salud es del 15%¨


Para recuperar el tiempo perdido, hay que enfocarse en un proceso holístico que integre a todos los actores que intervienen de manera puntual al momento del nacimiento, de cada ser humano.

Dentro de la campaña de los “Hospitales amigos de los Niños y las Niñas”, estaban involucrados dentro de la misma, la administración completa del hospital, médicos, enfermeras y hasta el portero, de seguridad.

¿Cuándo se colaron la prisa y el abandonar las buenas prácticas alcanzadas? Parecería, que la mujer hubiese perdido la capacidad de gestionar su propio cuerpo, y someterse a una cesárea, es parte ya, de la rutina habitual.


Algunas, al preguntarle sobre el parto, me comunican que aun no se han puesto de acuerdo con el médico. ¿Cuál es la condición para que sea necesaria? Indiscutiblemente que pasar acompañando muchas horas de labor de parto a una mujer, puede ser un reto profesional, pero no por ello, deberíamos olvidarnos de que la mejor manera de llegar al mundo, es a través, de un parto vaginal.


El esfuerzo físico, que implica para el bebé, es la oportunidad de aprender a gestionarse en la vida, además de que neurológicamente, es el momento de estar en un estado de alerta, que no lo tendrá, hasta pasados los tres primeros meses.


La madre le facilita y le apoya, para que él, como primera tarea, haga la transición del cálido y seguro útero, a comenzar a valerse por sí solo, como dos cuerpos separados, aunque aún no tenga consciencia de ello.

El cuerpo médico y de enfermeras, son los facilitadores y promotores para que la mujer logre sentirse segura y acogida, para transitar este momento, que, por lo general, lleno de mitos, puede ser de grandes miedos en la vida de la mujer.


Si la estructura médica y hospitalaria, no comienza por cambiar el discurso, ¿cómo podrán darse los cambios? Hace pocos años, llegó la hora de nacer de mi primer nieto, Gael David.

Luego de 36 horas, haciendo ejercicios, respiraciones, caminatas y demás, llegó la hora de la cesárea, pues no había logrado dilatar más de dos a tres, escasos centímetros.


Estando ya en la habitación, llegó el esperado Gael, bañado y cambiado en su cunero. La enfermera, muy diligentemente, nos mostró como estaban las botellas de fórmula y pañales desechables, en los tramos abajo del cunero.


Muy amablemente le solicité, que las retirara, ya que su madre había tomado la decisión de lactar. Me explicó que le podrían hacer falta, a lo que de nuevo repliqué, que no le harían, pues ella había optado por lactar. Al final, me explicó que ya estaban facturadas y que tendría que quedarme con ellas.

Manteniendo mi compostura, pero de manera muy firme, le recordé que la ley penalizaba la colocación de fórmulas en las habitaciones de los recién nacidos y que lo que les correspondía, era apoyar la lactancia materna. Que comenzara a proceder con el descargo de la factura temprano, y solo así, logré que fueran retiradas.


¿Pudo mi hija lactar a demanda a Gael David? ¡Claro! La lactancia puede tener sus retos, más, sin embargo, los beneficios son aún mayores a los retos que puedan presentarse.


Basta con empoderar a las mujeres de nuevo, para que sus propios cuerpos hagan el trabajo necesario, de manera menos traumática, y que tengan el apoyo necesario para transitar este momento, con la mayor de las ayudas, orientación y disposición, por parte de aquellos, que responsablemente participamos, en los momentos de nacimiento y post-parto.


¿Y tú, quieres ser parte del cambio?

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